El bienestar contempla una vida saludable, educación, un nivel de vida decente, libertad política, derechos humanos, seguridad, empleo productivo, y participación comunitaria. Estos aspectos, vinculados con la pobreza y el hambre, son esenciales para evaluar y diseñar políticas sociales que erradiquen la pobreza extrema y el hambre. La evolución de los indicadores de bienestar permite medir el impacto de las intervenciones sociales y orientar las iniciativas de política social.